4. Todo acaba y entonces es cuando empieza de verdad
Apenas la veía, pero lo suficiente para admirar aquellos dientes e intuir esos ojos vivos y brillantes, de verde perfecto, un verde que jamás olvidaré, que no se apagó ni siquiera cuando su sonrisa empezó en ese instante a agrietarse y oscurecerse. Su voz arrancó segundos después, ahora en bajo y con tristeza irrepetible: “Es la primera vez que nos corremos al mismo tiempo y resulta que será la última vez que estemos juntos”.