1. Así comienza Ojos verdes…

—¿Has muerto alguna vez? (Continuará…)

Rebobinaré. Toda esta historia que acabó así tiene un comienzo, un porqué, que desconoces aún, casi al igual que yo, y un final que ya sabes. Ahora, lo que importa es saber qué pasó hasta que llegó ese momento. Todo lo que ocurrió y sucedió. No importa dónde estaba ni los cuándos, ni siquiera importan los nombres. Las personas que son importantes en este relato no tendrán nombre. A lo sumo, él se llamará K, a ella la llamaré M y cuando hable de lo que hablaban de mí o de cuando me hablaban a mí, me llamaré W, porque por esa letra iba a empezar mi nombre cuando nací… 

2. W tuvo una vida normal, salvo en el colegio

Entre esas huellas está la que me dejaron los ocho años de educación en un colegio de curas en el que se coleccionaban las hostias que te llevabas cada día. Como no era uno de esos niños modélicos, de papás ricos, con buenas notas y cara de lerdo, acabaron por echarme. Fue con sutileza. Acababa de finalizar los estudios primarios y el director del colegio,

3. K entra en escena

“Todo comienza con una idea. Tal vez quieras iniciar un negocio o convertir un pasatiempo en algo más. O bien, es posible que tengas un proyecto creativo para compartir con el mundo. Sea lo que sea, la manera en la que cuentas tu historia en línea puede marcar la diferencia”.

4. Todo acaba y entonces es cuando empieza de verdad

Apenas la veía, pero lo suficiente para admirar aquellos dientes e intuir esos ojos vivos y brillantes, de verde perfecto, un verde que jamás olvidaré, que no se apagó ni siquiera cuando su sonrisa empezó en ese instante a agrietarse y oscurecerse. Su voz arrancó segundos después, ahora en bajo y con tristeza irrepetible: “Es la primera vez que nos corremos al mismo tiempo y resulta que será la última vez que estemos juntos”.